Historia de Albert Hofmann: Más que el descubridor del LSD

Albert Hofmann (1906-2008), químico suizo y descubridor del LSD, dejó una huella indeleble en la historia de la ciencia, la cultura y la farmacología. Su descubrimiento del LSD en 1938 transformó la percepción de las sustancias psicoactivas en Occidente, desafiando las fronteras entre terapia, contracultura y exploración espiritual.

Descubrimos su historia en este artículo escrito por Jorge Melero y Jorge Escohotado, directores de La Emboscadura, la editorial monográfica de Antonio Escohotado, quien además de ser el autor de la célebre obra Historia de las Drogas, era amigo íntimo de Albert Hofmann. 

Un científico visionario en tiempos de cambio

La figura de Albert Hofmann (1906-2008) se ubica en un contexto histórico complejo, en el que el diálogo entre la ciencia y la cultura se hallaba en plena transformación. Hofmann, un químico suizo vinculado a la prestigiosa farmacéutica Sandoz, es recordado por el descubrimiento de la dietilamida del ácido lisérgico (LSD), un compuesto que no solo cambiaría la percepción que Occidente tenía de ciertas sustancias psicoactivas, sino que, con el tiempo, pondría en cuestión la misma noción de “fármaco” y las fronteras entre la terapia, la exploración interior y la contracultura. 

A diferencia de la Antigüedad, en la que el concepto de phármakon englobaba tanto remedio como veneno, la sociedad moderna, concibió una división rígida entre la droga tóxica, moralmente cuestionable, y el medicamento legítimo, regulado por el Estado. El LSD llevó esta tensión al extremo, poniendo en evidencia, una vez más, que ninguna clasificación es estática ni definitiva. 

Inicios de Albert Hofmann: Naturaleza, química e investigación del cornezuelo del centeno

Albert Hofmann nació el 11 de enero de 1906, en Baden, Suiza, y mostró desde joven una inclinación hacia la naturaleza, la química orgánica y la búsqueda de los misterios que se ocultaban en la relación entre el ser humano y el entorno. Su formación universitaria en la Universidad de Zúrich le otorgó las herramientas básicas para adentrarse en la investigación farmacológica. Ya en Sandoz, en la ciudad de Basilea, Hofmann comenzó a estudiar los alcaloides del cornezuelo del centeno (Claviceps purpurea), un hongo con una rica tradición en la farmacopea europea y que, desde la época clásica, había despertado interés por sus propiedades ambiguas, a la vez curativas y peligrosas (Escohotado, 1998).

Cornezuelo del centeno
Cornezuelo del centeno. Nota: El cornezuelo del centeno (Claviceps purpurea) es un hongo que crece en los granos de cereales, especialmente en el centeno, que produce alcaloides tóxicos. Estos compuestos fueron responsables de una enfermedad devastadora en la Edad Media llamada Fuego de San Antonio o ergotismo. La enfermedad afectaba principalmente a personas que consumían pan u otros alimentos elaborados con granos contaminados por este hongo, y sus síntomas incluían alucinaciones, espasmos musculares, convulsiones y, en casos graves, gangrena, debido a la contracción extrema de los vasos sanguíneos. Aunque el cornezuelo era temido por su toxicidad, también se utilizó en pequeñas dosis como remedio.

El descubrimiento del LSD: De la intuición a la revolución

En 1938, Hofmann sintetizó por primera vez el LSD-25, un derivado de la ergolina, una clase de alcaloide del cornezuelo del centeno. Era el 25º compuesto sintetizado por el químico suizo durante su investigación con derivados del ácido lisérgico, hoy en día denominado simplemente LSD.

En aquel momento, el hallazgo no llamó especialmente la atención: el compuesto no parecía poseer utilidad terapéutica inmediata, y quedó archivado. Sin embargo, Hofmann, guiado por una intuición que él mismo describiría como una especie de “llamada interior”, decidió volver sobre esa sustancia cinco años más tarde. Fue precisamente en la primavera de 1943, en pleno caos global de la Segunda Guerra Mundial, cuando realizó una nueva síntesis y experimentó un contacto fortuito con pequeñas cantidades del compuesto. Este episodio marcaría un punto de inflexión, pues Hofmann percibió alteraciones perceptivas y sensoriales que le resultaron tan sorprendentes como inquietantes. 

Hofmann ingirió una dosis de 0,25 miligramos (250 microgramos) de LSD, una cantidad extremadamente alta para una sustancia tan potente como el LSD, con microdosis efectivas a partir de tan solo 20 microgramos.
Hofmann ingirió una dosis de 0,25 miligramos (250 microgramos) de LSD, una cantidad extremadamente alta para una sustancia tan potente como el LSD, con microdosis efectivas a partir de tan solo 20 microgramos.

Tres días después, el 19 de abril de 1943, decidió autoadministrarse deliberadamente una dosis mínima de LSD para comprender sus efectos. El famoso trayecto en bicicleta desde el laboratorio hasta su casa, recordado como el “Bicycle Day”, se convertiría en una suerte de hito fundacional de la investigación psicodélica. Aquella experiencia sensorial, introspectiva y profundamente transformadora evidenciaba que el LSD podía alterar la conciencia de una forma inédita, abriendo la puerta a nuevos campos de investigación psiquiátrica, psicológica y filosófica.

Historia del LSD: De la investigación terapéutica a la revolución cultural 

La recepción del LSD fue en un principio ambigua. Durante la década de 1950, el mundo vivía los efectos de la posguerra y el auge de la psiquiatría moderna. Psiquiatras, neurólogos y psicólogos exploraron su potencial terapéutico con un interés que recordaba a las prácticas de la Antigüedad, donde no se trazaba una división tajante entre remedio y sustancia visionaria. El LSD entró en un circuito académico y médico: se utilizó para tratar adicciones como el alcoholismo, depresiones resistentes y otros trastornos, con resultados dispares pero prometedores (Carod-Artal, 2013). 

Sin embargo, este entusiasmo médico y científico se vio superado por las dinámicas culturales y políticas de los años 60. Bajo la influencia de grandes figuras como Timothy Leary, Aldous Huxley o Ken Kessey, el LSD trascendió el ámbito clínico y pasó a convertirse en un símbolo, un catalizador de la revolución cultural, la protesta política y la exploración espiritual.

Foto histórica del evento Human Be-In (1967), un evento emblemático que tuvo lugar el 14 de enero de 1967 en el Parque Golden Gate de San Francisco. Este evento reunió a miles de personas, incluyendo figuras prominentes de la generación beat y la contracultura hippie, para celebrar y promover la paz, el amor y la exploración de la conciencia. Se considera uno de los eventos precursores del Verano del Amor de 1967, que marcó el auge del movimiento hippie​. Expuesta en el National American Museum of American History, Washington DC.
Human Be-In (1967) fue un evento realizado en el Golden Gate Park de San Francisco que marcó un hito en la contracultura de los años 60 y fue clave para popularizar el LSD como símbolo de exploración espiritual y protesta cultural. En él participaron figuras como Timothy Leary, quien pronunció su célebre frase “Turn on, tune in, drop out”: un llamado a despertar la conciencia, sintonizar con valores auténticos y abandonar estructuras opresivas para vivir de forma más libre y alineada con uno mismo.

La adopción masiva e indiscriminada del LSD provocó la preocupación de figuras como el propio Albert Hofmann, quien advertía sobre el uso irresponsable de la sustancia fuera de un marco terapéutico controlado. 

La preocupación de Hofmann sobre el uso del LSD

El propio Hofmann expresó reiteradamente su preocupación ante el uso irresponsable de la sustancia fuera del contexto terapéutico. En sus memorias, subrayó que el LSD podía ser una “medicina del alma”, siempre y cuando se empleara con rigor, respeto, pautas claras y supervisión, algo que recordaba la actitud prudente de los médicos hipocráticos o la reglamentación religiosa de los cultos antiguos. Sin embargo, frente a la euforia juvenil y las autoridades escandalizadas, las investigaciones médicas fueron pronto obstaculizadas. Igual que en la Roma clásica el culto báquico pasó de ser una celebración festiva a convertirse en objeto de persecución (Escohotado, 2021, p. 140), el LSD transitó del reconocimiento terapéutico al estatus de droga prohibida y demonizada. 

Programas clandestinos y la doble moral política

La firma de convenciones internacionales y el endurecimiento de las normativas internas en múltiples países, entre ellos Estados Unidos, situaron al LSD en la Lista I de sustancias controladas, asimilándolo a compuestos sin valor médico reconocido y con alto potencial de abuso (Hofmann et al., 2013). 

Paradójicamente, mientras se restringía su estudio en ámbitos académicos, entidades gubernamentales como la CIA llevaron a cabo programas clandestinos —como el célebre MK-Ultra— utilizando LSD con propósitos de control mental, espionaje y guerra psicológica, lo que muestra las dobles varas de medir que a menudo adopta el poder político (Hinojosa, 2022, p. 4). 

El renacimiento psicodélico del siglo XXI

Hacia finales del siglo XX, y con mayor énfasis en el XXI, la situación comenzó a cambiar lentamente. Nuevas investigaciones, amparadas por la creciente evidencia sobre el potencial terapéutico de sustancias psicodélicas en entornos controlados, han propiciado un renovado interés científico por el LSD, la psilocibina y otros compuestos afines. Este renacimiento recuerda la advertencia de Hofmann sobre la necesidad de superar prejuicios y explorar la farmacología con rigor y curiosidad, no con el propósito de “intoxicar” a la sociedad, sino de encontrar herramientas valiosas para la salud mental, la creatividad y el autoconocimiento.

Antonio Escohotado y Albert Hofmann mantuvieron una estrecha relación de amistad durante años. Hofmann es el científico suizo que descubrió el LSD. Escohotado, filósofo español, es el autor de la Historia General de las Drogas, uno de los mejores libros sobre la materia.
Antonio Escohotado y Albert Hofmann mantuvieron una estrecha relación de amistad durante años. Escohotado, filósofo español, es el autor de la Historia General de las Drogas, uno de los mejores libros sobre la materia.

La amistad entre Albert Hofmann y Antonio Escohotado

Resulta casi imperativo reseñar la bonita amistad que Hofmann mantenía con el pensador madrieño Antonio Escohotado, con quien compartía una afinidad intelectual y espiritual tan estrecha que solían llamarse mutuamente “padre e hijo”. Ambos se admiraban profundamente y encontraron en sus conversaciones un terreno fértil para explorar las implicaciones filosóficas, culturales y terapéuticas de los enteógenos. 

En una ocasión memorable, Hofmann, Escohotado, Jonathan Ott y Alexander Shulgin, padre del MDMA y el 2C-B –y escritor de las obras PiHKAL y TiHKAL cuya reedición será publicada por La Emboscadura este próximo mes–, coincidieron en los Cursos de Verano de El Escorial. Estos sujetos eran las cuatro personas más importantes del mundo en el ámbito farmacológico. Es precisamente en las obras que hemos mencionado donde se cuenta esta experiencia desde el punto de vista tanto de Shulgin como de Escohotado:

Al menos en dos ocasiones el Felipe II fue un hotel invadido por la psiquedelia, donde no ya alumnos, sino secretarias, barman y ascensorista intercambiaban experiencias con los ponentes. Celebradas la víspera del día libre, esas ingestas se hacían calculando picos y mesetas de cada producto, para que la altura empezase a cundir hacia las 3, y que yo sepa todo el mundo viajó satisfactoriamente a despecho de ser muchos. (Shulgin, 2025)

Tras descubrir el LSD, Hofmann continuó trabajando en Sandoz como director de investigación en el Departamento de Productos Naturales, hasta retirarse en 1971. Además de descubrir el LSD, fue el primero en sintetizar la psilocibina (un componente activo de los hongos alucinógenos) en 1958; descubrió otros principios alucinógenos del Ololiuqui (Morning Glory), la amida de ácido lisérgico y el ácido lisérgico hidroxietilamida. También contribuyó al desarrollo de medicamentos como Hydergine (para la circulación cerebral) y Dihidroergotamina (para estabilizar la presión arterial).

En 1979, Hofmann publicó su libro My Problem Child (LSD: Mi hijo problemático), una obra en la que reflexionaba sobre el descubrimiento del LSD y los acontecimientos que lo convirtieron en un símbolo de la contracultura. El libro fue escrito cuando la sustancia estaba prohibida y su investigación severamente restringida, y ofrece una visión personal y crítica sobre los usos terapéuticos del LSD, su impacto cultural y las controversias que rodearon su popularización. Hofmann creía que el LSD tenía un gran potencial para abordar los problemas psicológicos modernos, como la conexión, el materialismo, y la falta de propósito en la sociedad contemporánea, y consideraba que su descubrimiento debía usarse en contextos terapéuticos y espirituales, no recreativos. Una obra considerada fundamental para comprender tanto la ciencia como la filosofía detrás del LSD.

El legado de Albert Hofmann

Albert Hofmann falleció en 2008, a la edad de 102 años, tras haber presenciado todo el arco histórico del LSD: desde su descubrimiento en una modesta síntesis de laboratorio, hasta su entronización como icono contracultural, su proscripción legal y su lento resurgir en el ámbito clínico. Su figura encarna la paradoja del phármakon en la modernidad: una sustancia capaz de despertar temores, dogmas y prohibiciones al mismo tiempo que alberga una promesa terapéutica y espiritual. Así, el legado de Hofmann nos invita a reflexionar críticamente sobre las políticas prohibicionistas, las visiones morales y la importancia de un análisis desapasionado, basado en la evidencia, que nos permita armonizar las necesidades de la salud pública, la libertad individual y el progreso científico. 

De esta forma, al evocar la historia de Albert Hofmann y el LSD, retornamos a un dilema fundamental: ¿qué sustancias merecen ser perseguidas, veneradas, comprendidas o estudiadas? La respuesta, como tantas otras en el ámbito de los psicoactivos, es compleja. Pero la figura de Hofmann nos recuerda que, si no se revisan las barreras legales y las inercias políticas, se corre el riesgo de perder valiosas oportunidades para mejorar el entendimiento de la conciencia humana, perpetuando así la ceguera colectiva frente a herramientas que, bien empleadas, podrían incidir positivamente en el bienestar y la libertad del individuo. 

Jorge Melero y Jorge Escohotado (Los Emboscados), en Madrid a 28/12/2024

Bibliografía
  • Carod-Artal, F. J. (2013). Plantas psicoactivas en la antigua Grecia. Neurosciences and History, 1(1), 28-38. 
  • Escohotado, A. (1998). Historia general de las drogas. Espasa. 
  • Escohotado. A. (2021). Majestades, crímenes y víctimas. Emboscadura editorial.
  • Hofmann, A., Wasson, R.G., Ruck, C. (2013). El camino a Eleusis. Una solución al enigma de los misterios. Fondo de cultura económica. 
  • Hinojosa, M. (2020). Timothy Leary. El sumo sacerdote de la nueva conciencia. Cannabis Magazine. 
  • Shulgin, A. (2025) TiHKAL. Parte narrativa. La Emboscadura.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

História de Albert Hofmann: Mais do que o descobridor do LSD

Albert Hofmann (1906-2008), químico suíço e descobridor do LSD, deixou uma marca indelével na história da ciência, da cultura e da farmacologia. A sua descoberta do LSD em 1938 transformou a perceção das substâncias psicoactivas no Ocidente, desafiando as fronteiras entre a terapia, a contracultura e a exploração espiritual.

Descobrimos a sua história neste artigo escrito por Jorge Melero e Jorge Escohotado, diretores de La Emboscadura, a editora monográfica de Antonio Escohotado, que, para além de ser o autor do famoso livro História das Drogasfoi um amigo íntimo de Albert Hofmann.

Um cientista visionário numa época de mudança

A figura de Albert Hofmann (1906-2008) situa-se num contexto histórico complexo, em que o diálogo entre ciência e cultura estava em plena transformação. Hofmann, um químico suíço ligado à prestigiada empresa farmacêutica Sandoz, é recordado pela descoberta da dietilamida do ácido lisérgico(LSD), um composto que não só alterou a perceção ocidental de certas substâncias psicoactivas, como também, a seu tempo, pôs em causa a própria noção de “droga” e as fronteiras entre terapia, exploração interior e contracultura.

Ao contrário da Antiguidade, onde o conceito de phármakon englobava tanto o remédio como o veneno, a sociedade moderna concebeu uma divisão rígida entre a droga tóxica moralmente questionável e o medicamento legítimo, regulado pelo Estado. O LSD levou esta tensão ao extremo, demonstrando mais uma vez que nenhuma classificação é estática ou definitiva.

Os primórdios de Albert Hofmann: Natureza, química e investigação sobre a cravagem

Albert Hofmann nasceu a 11 de janeiro de 1906 em Baden, na Suíça, e desde cedo mostrou uma inclinação para a natureza, a química orgânica e a procura dos mistérios escondidos na relação entre o homem e o seu ambiente. A sua formação universitária na Universidade de Zurique deu-lhe as ferramentas básicas para entrar na investigação farmacológica. Na Sandoz, em Basileia, Hofmann começou a estudar os alcalóides da cravagem do centeio(Claviceps purpurea), um fungo com uma rica tradição na farmacopeia europeia e que, desde a época clássica, despertava interesse devido às suas propriedades ambíguas, tanto curativas como perigosas (Escohotado, 1998).

Cravagem do centeio
Cravagem do centeio. Nota: A cravagem do centeio(Claviceps purpurea) é um fungo que cresce nos grãos de cereais, especialmente no centeio, e que produz alcalóides tóxicos. Estes compostos foram responsáveis por uma doença devastadora na Idade Média, chamada Fogo de Santo António ou ergotismo. A doença afectava principalmente pessoas que comiam pão ou outros alimentos feitos a partir de grãos contaminados por este fungo, e os seus sintomas incluíam alucinações, espasmos musculares, convulsões e, em casos graves, gangrena, devido à extrema constrição dos vasos sanguíneos. Embora a cravagem fosse temida pela sua toxicidade, também era utilizada em pequenas doses como remédio.

A descoberta do LSD: da intuição à revolução

Em 1938, Hofmann sintetizou pela primeira vez o LSD-25, um derivado da ergolina, uma espécie de alcaloide da cravagem do centeio. Foi o 25º composto sintetizado pelo químico suíço durante as suas investigações sobre os derivados do ácido lisérgico, atualmente designados simplesmente por LSD.

Na altura, a descoberta não atraiu muita atenção: o composto não parecia ter uma utilidade terapêutica imediata e foi arquivado. No entanto, Hofmann, guiado por uma intuição que ele próprio descreveu como uma espécie de“chamamento interior“, decidiu regressar à substância cinco anos mais tarde. Foi precisamente na primavera de 1943, no meio do caos global da Segunda Guerra Mundial, que fez uma nova síntese e teve um contacto casual com pequenas quantidades do composto. Este episódio viria a marcar uma viragem, pois Hofmann apercebeu-se de alterações perceptivas e sensoriais tão surpreendentes quanto perturbadoras.

Hofmann ingeriu uma dose de 0,25 miligramas (250 microgramas) de LSD, uma quantidade extremamente elevada para uma substância tão potente como o LSD, com microdoses eficazes tão baixas como 20 microgramas.
Hofmann ingeriu uma dose de 0,25 miligramas (250 microgramas) de LSD, uma quantidade extremamente elevada para uma substância tão potente como o LSD, com microdoses eficazes tão baixas como 20 microgramas.

Três dias depois, a 19 de abril de 1943, decidiu autoadministrar deliberadamente uma dose mínima de LSD para compreender os seus efeitos. O famoso passeio de bicicleta do laboratório até sua casa, recordado comoo Dia da Bicicleta, viria a tornar-se uma espécie de marco fundamental na investigação psicadélica. Essa experiência sensorial, introspectiva e profundamente transformadora mostrou que o LSD podia alterar a consciência de uma nova forma, abrindo a porta a novos campos de investigação psiquiátrica, psicológica e filosófica.

História do LSD: Da investigação terapêutica à revolução cultural

A receção do LSD foi inicialmente ambígua. Durante os anos 50, o mundo vivia os efeitos do pós-guerra e o aparecimento da psiquiatria moderna. Psiquiatras, neurologistas e psicólogos exploram o seu potencial terapêutico com um interesse que faz lembrar as práticas da Antiguidade, onde não havia uma divisão nítida entre remédio e substância visionária. O LSD entrou no circuito académico e médico: foi utilizado para tratar dependências como o alcoolismo, depressões resistentes e outros distúrbios, com resultados mistos mas promissores (Carod-Artal, 2013).

No entanto, este entusiasmo médico e científico foi ultrapassado pela dinâmica cultural e política da década de 1960. Sob a influência de grandes figuras como Timothy Leary, Aldous Huxley e Ken Kessey, o LSD transcendeu o domínio clínico e tornou-se um símbolo, um catalisador para a revolução cultural, o protesto político e a exploração espiritual.

Fotografia histórica do Human Be-In (1967), um evento marcante que teve lugar a 14 de janeiro de 1967 no Golden Gate Park, em São Francisco. Este evento reuniu milhares de pessoas, incluindo figuras proeminentes da geração beat e da contracultura hippie, para celebrar e promover a paz, o amor e a exploração da consciência. É considerado um dos eventos precursores do verão do Amor de 1967, que marcou a ascensão do movimento hippie. Em exposição no Museu Nacional Americano de História Americana, Washington DC.
O Human Be-In (1967) foi um evento marcante no Golden Gate Park, em São Francisco, que constituiu um marco na contracultura dos anos 60 e foi fundamental para a popularização do LSD como símbolo de exploração espiritual e protesto cultural. Nele participaram figuras como Timothy Leary, que proferiu a sua famosa frase “Turn on, tune in, drop out”: um apelo ao despertar da consciência, à sintonização com valores autênticos e ao abandono de estruturas opressivas para viver mais livremente e em sintonia consigo próprio.

A adoção maciça e indiscriminada do LSD provocou a preocupação de figuras como o próprio Albert Hofmann, que advertiu contra o uso irresponsável da substância fora de um quadro terapêutico controlado.

As preocupações de Hofmann sobre o uso de LSD

O próprio Hofmann exprimiu repetidamente a sua preocupação com a utilização irresponsável da substância fora do contexto terapêutico. Nas suas memórias, sublinhava que o LSD podia ser um“remédio da alma“, desde que fosse utilizado com rigor, respeito, orientações claras e supervisão, à semelhança da atitude prudente dos médicos hipocráticos ou da regulamentação religiosa dos antigos cultos. No entanto, perante a euforia juvenil e o escândalo das autoridades, a investigação médica não tardou a ser obstruída. Tal como, na Roma clássica, o culto báquico passou de celebração festiva a objeto de perseguição (Escohotado, 2021, p. 140), o LSD passou do reconhecimento terapêutico ao estatuto de droga proibida e demonizada.

Programas clandestinos e duplicidade de critérios políticos

A assinatura de convenções internacionais e o reforço das regulamentações internas em muitos países, incluindo os Estados Unidos, colocaram o LSD na lista I de substâncias controladas, equiparando-o a compostos sem valor médico reconhecido e com um elevado potencial de abuso (Hofmann et al., 2013).

Paradoxalmente, enquanto o seu estudo era restrito nos meios académicos, entidades governamentais como a CIA levavam a cabo programas clandestinos – como o célebre MK-Ultra – utilizando o LSD para fins de controlo da mente, espionagem e guerra psicológica, o que demonstra a dualidade de critérios muitas vezes adoptada pelo poder político (Hinojosa, 2022, p. 4).

O renascimento psicadélico do século XXI

No final do século XX, e com maior ênfase no século XXI, a situação começou lentamente a mudar. Novas investigações, apoiadas por provas crescentes do potencial terapêutico das substâncias psicadélicas em ambientes controlados, conduziram a um interesse científico renovado pelo LSD, pela psilocibina e por compostos relacionados. Este renascimento recorda o aviso de Hofmann sobre a necessidade de ultrapassar preconceitos e explorar a farmacologia com rigor e curiosidade, não com o objetivo de “intoxicar” a sociedade, mas para encontrar ferramentas valiosas para a saúde mental, a criatividade e o auto-conhecimento.

Antonio Escohotado e Albert Hofmann mantiveram uma estreita amizade durante anos. Hofmann é o cientista suíço que descobriu o LSD. Escohotado, filósofo espanhol, é o autor de Historia General de las Drogas, um dos melhores livros sobre o assunto.
Antonio Escohotado e Albert Hofmann mantiveram uma estreita amizade durante anos. Escohotado, filósofo espanhol, é o autor de Historia General de las Drogas, um dos melhores livros sobre o assunto.

A amizade entre Albert Hofmann e Antonio Escohotado

É quase imperativo mencionar a bela amizade de Hofmann com o pensador madrileno Antonio Escohotado, com quem partilhou uma afinidade intelectual e espiritual tão estreita que costumavam chamar um ao outro“pai e filho“. Os dois admiravam-se profundamente e encontravam nas suas conversas um terreno fértil para explorar as implicações filosóficas, culturais e terapêuticas dos enteógenos.

Numa ocasião memorável, Hofmann, Escohotado, Jonathan Ott e Alexander Shulgin, pai do MDMA e do 2C-B – e autor das obras PiHKAL e TiHKAL, cuja reedição será publicada por La Emboscadura no próximo mês – coincidiram nos Cursos de verão de El Escorial. Estes sujeitos eram as quatro pessoas mais importantes do mundo no campo da farmacologia. É precisamente nas obras que mencionámos que esta experiência é contada, tanto do ponto de vista de Shulgin como de Escohotado:

Em pelo menos duas ocasiões o Felipe II foi um hotel invadido pela psicodelia, onde não só estudantes, mas também secretárias, barmen e ascensoristas trocavam experiências com os oradores. Realizadas na véspera do dia de folga, essas tomadas eram feitas calculando picos e platôs de cada produto, de modo que a altitude começava a subir por volta das 3 horas, e pelo que sei todos viajavam satisfatoriamente apesar de serem muitos (Shulgin, 2025).

Após a descoberta do LSD, Hofmann continuou a trabalhar na Sandoz como chefe de investigação do departamento de produtos naturais até se reformar em 1971. Para além de ter descoberto o LSD, foi o primeiro a sintetizar a psilocibina (componente ativo dos cogumelos alucinogénios) em 1958; descobriu outros princípios alucinogénios do Ololiuqui(Morning Glory), a amida do ácido lisérgico e a hidroxietilamida do ácido lisérgico. Contribui igualmente para o desenvolvimento de medicamentos como a hidergina (para a circulação cerebral) e a diidroergotamina (para estabilizar a tensão arterial).

Em 1979, Hofmann publicou o seu livro A minha criança problemática (uma obra que reflecte sobre a descoberta do LSD e os acontecimentos que o tornaram um símbolo da contracultura. O livro foi escrito quando a substância foi proibida e a sua investigação severamente restringida, e oferece uma visão pessoal e crítica dos usos terapêuticos do LSD, do seu impacto cultural e das controvérsias em torno da sua popularização. Hofmann acreditava que o LSD tinha um grande potencial para resolver problemas psicológicos modernos, como a conexão, o materialismo e a falta de propósito na sociedade contemporânea, e acreditava que a sua descoberta deveria ser usada em contextos terapêuticos e espirituais, e não recreativos. Uma obra considerada fundamental para compreender tanto a ciência como a filosofia por detrás do LSD.

O legado de Albert Hofmann

Albert Hofmann morreu em 2008, com 102 anos, tendo testemunhado todo o arco histórico do LSD: desde a sua descoberta numa modesta síntese laboratorial, à sua entronização como ícone contracultural, à sua ilegalização legal e ao seu lento ressurgimento no campo clínico. A sua figura encarna o paradoxo do phármakon na modernidade: uma substância capaz de suscitar medos, dogmas e proibições, ao mesmo tempo que encerra uma promessa terapêutica e espiritual. O legado de Hofmann convida-nos assim a refletir criticamente sobre as políticas proibicionistas, as visões morais e a importância de uma análise desapaixonada e baseada em provas que permita harmonizar as necessidades da saúde pública, da liberdade individual e do progresso científico.

Assim, ao evocarmos a história de Albert Hofmann e do LSD, voltamos a um dilema fundamental: que substâncias merecem ser perseguidas, veneradas, compreendidas ou estudadas? A resposta, como tantas outras no domínio dos psicoactivos, é complexa. Mas a figura de Hofmann recorda-nos que, se as barreiras legais e a inércia política não forem revistas, corremos o risco de perder oportunidades valiosas para melhorar a compreensão da consciência humana, perpetuando assim a cegueira colectiva para ferramentas que, se bem utilizadas, poderiam ter um impacto positivo no bem-estar e na liberdade do indivíduo.

Jorge Melero e Jorge Escohotado (Los Emboscados), em Madrid, em 28/12/2024

Bibliografia
  • Carod-Artal, F. J. (2013). Plantas psicoativas na Grécia antiga. Neurociências e História, 1(1), 28-38.
  • Escohotado, A. (1998). Historia general de las drogas. Espasa.
  • Escohotado. A. (2021). Majestades, crimes e vítimas. Emboscadura editorial.
  • Hofmann, A., Wasson, R.G., Ruck, C. (2013). O caminho para Eleusis. Uma solução para o enigma dos mistérios. Fundo de cultura económica.
  • Hinojosa, M. (2020). Timothy Leary. O sumo sacerdote da nova consciência. Revista Cannabis.
  • Shulgin, A. (2025) TiHKAL. Parte narrativa. A emboscada.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top