Historia de las Drogas en la Antigua Grecia Publicado el febrero 5, 2025 por La Emboscadura Índice Toggle El opio en la Antigua GreciaLos Misterios de Eleusis Dionisio y el vino Conclusión En el intento por comprender la evolución del ser humano en el uso de sustancias psicoactivas, la Antigua Grecia emerge como un hito esencial. Durante la Grecia clásica, la distinción entre medicamento y droga no era tan nítida como en la actualidad; el término phármakon englobaba tanto el concepto de remedio como el de veneno. Esto nos lleva a cuestionarnos si estas sustancias difieren tanto de las actuales como para que la división entre droga y medicamento sea necesaria hoy en día. Hoy en el blog de Cannactiva invitamos a Jorge Melero y Jorge Escohotado, socios de La Emboscadura, la editorial monográfica de Antonio Escohotado, autor de la célebre Historia General de las Drogas, para hablar sobre la historia de las drogas en la Antigua Grecia, una cultura donde predomina el concepto de phármakon. El opio en la Antigua Grecia El opio era una sustancia especialmente consumida en aquella época, asimismo, sus derivados son de extendido uso médico en la actualidad, e incluso recreativo si hablamos de sustancias como la heroína o el fentanilo. Por tanto, no es casualidad que el opio tenga su lugar ya en los tratados hipocráticos: “se recomienda la variedad de semilla negra (hypnotikon mekonion) para toda clase de «sofocaciones uterinas’’ (Escohotado, 1998, p. 101). Sin embargo, su uso no se limitaba, como en la medicina actual, a paliar el dolor, también contemplaban otra clase de aplicaciones: «el opio se consideraba una medicación idónea para hacer frente a las consecuencias de querer ser casta mientras palpita el aguijón de la lujuria’’ (Escohotado, 1998, p. 101). De hecho, precisamente debemos la palabra latina opium a estos escritos hipocráticos: «nace de ese tratado concretamente, donde se menciona el opos («jugo») de adormidera como lo indicado a tales fines’’ (Escohotado, 1998, p. 101), aunque curiosamente sea esta misma escuela la que menos ha aplicado este fármaco, haciendo honor a su máxima de «curar dejando que la physis trabaje sola y con un mínimo de farmacopea’’ (Escohotado, 1998, p. 101). Estatuilla minoica de la Diosa de la Amapola, símbolo de fertilidad y medicina, con cápsulas de opio en su corona. Procedente de Creta, refleja la conexión entre plantas y rituales en la antigua Grecia. Foto de la cápsula inmadura de la adormidera (Papaver somniferum), de la cual se extrae el látex tras realizar incisiones en su superficie. Este látex se recolecta para la producción de opio, tradicionalmente consumido por sus efectos analgésicos y psicoactivos. El opio se convirtió en un elemento central de la medicina griega, representando a la perfección el concepto de pharmakon laico, «equidistante por igual de la panacea y el simple veneno’’ (Escohotado, 1998, p. 103). Utilizado por todas las escuelas médicas, su importancia creció especialmente tras el declive de Atenas, se convirtió en el medicamento más estudiado en la cuenca mediterránea, y fue una constante en la medicina griega durante más de cinco siglos. Curiosamente, en todo ese tiempo, no se reportan problemas sociales relacionados con su consumo. Administrar opio, ya fuera a uno mismo o a otros, no se veía como una amenaza al orden social: «Absolutamente nadie piensa que alguien se degrada o amenaza el orden civil administrándose opio o administrándoselo a otros’’ (Escohotado, 1998, p. 103). Los Misterios de Eleusis Sin embargo, el uso de fármacos no se reducía a la medicina, muchos eran utilizados en un ámbito religioso. Los Misterios de Eleusis eran probablemente los más célebres del mundo antiguo, es difícil determinar sus comienzos, algunos estiman que datan del siglo XV a.C., pero con seguridad sabemos que son anteriores a la Ilíada y la Odisea (Escohotado, 1998). Por ellos pasaron personajes tan destacados como Platón, Aristóteles, Pausanias, Píndaro, Esquilo, Sófocles, Cicerón, Adriano o Marco Aurelio (Marín-Gutiérrez, 2008). Estos Misterios estaban dedicados a las diosas griegas Deméter y Perséfone, según la leyenda, Deméter, la diosa del grano y la fertilidad, instituyó estos misterios como agradecimiento por haber encontrado a su hija Perséfone, quien había sido secuestrada por Hades, el dios del inframundo. Durante la búsqueda de su hija, Deméter descuidó la tierra, lo que causó el primer invierno. Al reunirse finalmente con Perséfone, la tierra floreció nuevamente, marcando el inicio de la primavera. Se especula que los iniciados en los misterios de Eleusis consumían drogas para tener experiencias visionarias y extáticas. Este relieve, posiblemente, muestra a Deméter y Perséfone sosteniendo hongos alucinógenos, aunque también podrían ser simplemente flores. Grecia, Tesalia, 470-460 a.C. Los misterios se celebraban anualmente y consistían en una serie de rituales de iniciación que incluían dos fases principales: los Pequeños Misterios y los Grandes Misterios. Los Pequeños Misterios se celebraban en primavera y consistían en ayunos, purificaciones y sacrificios, los Grandes Misterios, celebrados en otoño, culminaban en una ceremonia iniciática nocturna (Marín-Gutiérrez, 2008). Durante la ceremonia asociada a Los Grandes Misterios, los atenienses peregrinaban a Eleusis para ingerir en ayunas el llamado kykeon, una bebida alucinógena: «Se ingería un preparado llamado kykeon o ciceón, una bebida especial alucinógena. Los participantes tenían visiones asombrosas’’ (Carod-Artal, 2013, p. 35). Los Misterios Eleusinos estaban rodeados de un obligado secretismo. “Los aspirantes a iniciación” juraban por su vida guardar en absoluto secreto el detalle de la experiencia, y así lo hicieron’’ (Escohotado, 1998, p.113). Está discreción imperaba bajo pena de muerte, “las leyes de Atenas convertían en un crimen el hablar de lo que ocurría en el telesterion de Eleusis’’ (Hofmann, 2013, p.6). El Himno homérico a Démeter recitado en estos rituales, cuenta que la diosa enseñó sus Misterios a los príncipes de Eleusis, Triptólemo y Eumolpo, pero respecto a estas ceremonias afirma: «no es lícito descuidar ni escudriñar por curiosidad ni revelar, pues la gran reverencia debida a los dioses enmudece la voz.’’ (Homero, 2001, p. 2000).Este secretismo ha provocado que la multitud de teorías que existen al respecto no sean más que elucubraciones que no es posible confirmar, sin embargo, las constantes referencias en la literatura antigua al poder embriagador de la cizaña (Lolium temulentum), que carece de efectos farmacológicos en sí misma, apuntan a que este componente alucinógeno del kykeon se debe al cornezuelo de centeno que parasita esta planta, el cual produce amida del ácido lisérgico (LSA), un compuesto con potentes efectos psicoactivos y precursor de la dietilamida del ácido lisérgico (LSD), descubierto por Albert Hofmann. Investigaciones botánicas recientes han demostrado que el área continental griega contiene la variedad menos tóxica conocida en el planeta del hongo cornezuelo del centeno, y entra dentro de lo probable que algunos farmacópolos usaran los diversos vegetales parasitados por ergot para obtener drogas de gran actividad. (Escohotado, 1998, p. 99). La teoría de la presencia de la cizaña en el kykeon ha sido refrendada por multitud de científicos, entre ellos el propio padre del LSD, Albert Hofmann, que demostró la existencia del LSA en el cornezuelo de centeno (Hofmann, 1978), y posteriormente teorizó sobre su lugar en la bebida sagrada: Eleusis era la experiencia suprema en la vida de un iniciado. Lo era en un sentido tanto físico como místico: temblores, vértigo, sudor frío, y después una visión que convertía cuánto hubiese sido visto antes en una especie de ceguera; un sentimiento de asombro y sobrecogimiento ante un resplandor que provocaba un silencio profundo, pues lo que acababa de ser visto y sentido jamás podría ser comunicado: las palabras no se encontraban a la altura de tal tarea. Tales síntomas corresponden inequívocamente a la experiencia producida por un enteógeno. (2013, p. 3). La importancia de estos misterios en la historia del pensamiento occidental es sin duda vital. Quizá no sea casualidad que la filosofía presocrática naciera tan próxima a estos ritos. El filósofo Terence Mckenna propuso la arriesgada teoría de que la ingesta de hongos psilocibe supuso un factor crucial en la evolución de Homo antecessor a Homo sapiens (Rodríguez et al., 2012). Lo que desde luego es un hecho consumado es que pensadores de la talla de Platón o Aristóteles, que han marcado de manera radical el pensamiento occidental, se vieron fuertemente influidos por estos ritos. No en vano un filósofo de la talla de Hegel dedica al final de su obra Escritos de juventud un poema homónimo a Eleusis, a continuación unos versos que pueden resultar esclarecedores: Alianza sin sellos ni promesasde vivir solamente por la libre verdad y nunca, nunca,en paz con el precepto que opiniones y afectos reglamenta.(…)Borracho de entusiasmo captaría yo ahoravisiones de tu entorno,comprendería tus revelaciones,sabría interpretar de tus imágenes el sentido elevado,oiría los himnos del banquete divino,sus altos juicios y consejos… (Hegel, 1978, p. 214) Dionisio y el vino El uso del vino en la Antigua Grecia y los cultos dionisíacos tenía un papel fundamental tanto en la vida social como en los rituales religiosos. En cuanto al vino, era visto como un phármakon (remedio) que no solo proporcionaba placer, sino que también tenía un propósito sagrado y terapéutico. Platón, en su diálogo Leyes, afirma, a través de Sócrates: «¡No vilipendiemos el regalo recibido de Dioniso, pretendiendo que es un mal obsequio y no merece que un Estado acepte su introducción!» (2014, p. 671). Este respeto por el vino estaba profundamente arraigado en la cultura griega, que lo utilizaba en ceremonias religiosas, banquetes y como parte de su vida cotidiana. Entre los griegos existía una preocupación recurrente acerca de este phármakon, el debate giraba en torno a los posibles efectos negativos que el vino podía acarrear en la vida dirigida al saber que filosofía platónica propone (Escohotado, 1998). Por tanto, es en el vino cuando empezamos a observar un componente moral incipiente asociado al phármakon. El alcohol se convierte en la semilla que germinará en un abandono de la concepción dual de sustancia como veneno y remedio, dejando de lado la moderación y las proporciones. De este modo, se inicia un debate moral en torno a la sustancia, discutiendo su bondad o maldad intrínseca, si es buena o mala en absoluto, sin considerar ya los consumos prudentes o excesivos. Curiosamente, se trata de una de las sustancias más consumidas en la actualidad, cuenta con un estatus generalmente legal en el mundo occidental y es una de las drogas menos marginalizadas. En cuanto a los cultos dionisíacos, estos rituales eran una forma de canalizar y domesticar la histeria a través de ritos oficiales. Como observa Nilsson en su obra Historia de la religiosidad griega: «Los griegos quitaron al culto dionisiaco el aguijón peligroso incluyéndolo en la reglamentación de ritos oficiales» (1969, p. 31). Este control institucional permitía que los excesos del culto dionisíaco se mantuvieran dentro de límites aceptables, proporcionando una válvula de escape para las tensiones sociales y personales. «La embriaguez orgiástica se reconoce y doméstica a la vez transformándose en rito religioso, y la vanidad de un poder político abocado a la mera represión será regularmente abolida en el éxtasis festivo común» (Escohotado, 1998, p. 108). Historia de las Drogas en la Antigua Roma El secretismo también jugaba un papel crucial en estos cultos. Un diálogo entre Penteo y Dioniso en la obra de Eurípides ilustra la naturaleza esotérica de estos rituales: P.: ¿Y tus orgías, qué forma tienen? D.: Prohibido está que lo sepan los mortales no iniciados. P.: ¿Y son de algún provecho para los que en ellas sacrifican? D.: No es lícito que lo oigas, mas merecen oírse. (Escohotado, 1998, p. 110). En resumen, el vino en la Antigua Grecia no solo era una bebida común, sino también una sustancia profundamente entrelazada con la cultura, la religión y la inspiración artística. Los cultos dionisíacos, con su uso ritual del vino y su secretismo, ejemplifican cómo los griegos integraban estos elementos en un sistema coherente que celebraba tanto la razón como el éxtasis. Historia de la Prohibición de las Drogas Conclusión El uso de las drogas en la Antigua Grecia ofrece una perspectiva histórica sobre cómo se integraban algunas de las sustancias psicoactivas que hoy día consideramos drogas y medicamentos. Los Misterios de Eleusis y los cultos dionisíacos son ejemplos de rituales que buscaban la purificación espiritual y la conexión divina a través de las sustancias. Destaca el secretismo que protegía estas prácticas y que aún se mantienen en la actualidad, como se puede observar en el uso ceremonial de psicodélicos en comunidades espirituales modernas. Contrasta también que el uso de sustancias psicoactivas en la Antigua Grecia, de forma controlada y ritualizada, no generaba conflictos sociales, mostrando una aceptación cultural que permitía manejar estas sustancias con reverencia y regulación. En el alcohol vemos también el primer cambio significativo en la percepción de las drogas, introduciendo debates morales sobre sus efectos y su papel en la vida cotidiana. Este cambio reflejó una creciente preocupación por los posibles abusos y las consecuencias sociales del consumo excesivo, estableciendo una base para los debates actuales sobre la regulación y la ética en el uso de sustancias psicoactivas. Jorge Melero y Jorge Escohotado (Los Emboscados), en Madrid a 28/12/2024 Flores CBD MANGO JUIZE (Zkittlez x Gelato) Seleccionar Flores CBD EUREKA (Tropicana Cookies) | CBD INDOOR Seleccionar Flores CBD CANDY KRUSH (Zkittlez) Seleccionar Referencias Carod-Artal, F. J. (2013). Plantas psicoactivas en la antigua Grecia. 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Junto con Jorge Melero, trabajan para la difusión global del pensamiento de Antonio Escohotado. [...]